«Nos abrimos a aquellos que están en la miseria, escuchamos su historia y la comprendemos, todo eso despierta fuerzas profundas dentro de nuestro corazón humano.»

Encuentro y transformación

Jean Vanier

Fragmento del Otro que me transforma en El Hombre, 2006

Por todo el mundo, en todos los continentes, las personas desvalidas gritan para ser reconocidas y sostenidas. ¿Podemos nosotros continuar encerrándonos en nuestro confort y en nuestra clase social olvidando el grito de los pobres y de los débiles? ¿Es que esquivando la realidad del sufrimiento humano nos volvemos más humanos? El rechazar encontrarnos con lo diferente y con la debilidad nos conduce frecuentemente a endurecer nuestros corazones en desprecio de los débiles y con el deseo de evitarlos. El peligro de «eugenesia» persiste en todas las culturas, a menudo por razones económicas.

El encuentro con personas provenientes de diferentes culturas es un enriquecimiento. Jean afirma que esos encuentros permiten no solamente un enriquecimiento, sino también una transformación del corazón.

Nuestras sociedades no pueden volverse verdaderamente humanas si no abrimos nuestros corazones a aquellos que son diferentes, si no obramos juntos por la justicia para los más débiles, y si no ponemos fin a las rivalidades entre poderosos que conducen a los conflictos y a la guerra. Para esto, es necesario crear en todos los niveles condiciones que permitan los encuentros y diálogos desde la confianza mutua. Solo entonces, un sentido nuevo de la vida y una verdadera esperanza de paz podrá nacer dentro de nuestros países y nuestro mundo

Una transformación del corazón

Nos abrimos a aquellos que están en la miseria, escuchamos su historia y la comprendemos, todo eso despierta fuerzas profundas dentro de nuestro corazón humano. Son las fuerzas del amor y de la compasión. Amar no es solo una emoción. Amar implica una verdadera sabiduría humana, una competencia y una inteligencia de corazón. Amar es crear lazos de fidelidad, alegrarse de la existencia del otro dentro de su debilidad y de la diferencia, es ver la persona detrás de la discapacidad, detrás de la diferencia.

«Es en este momento en el que nos volvemos plenamente libres, libres de ser eso que somos, ricos en nuestros dones, en nuestras debilidades y mismo en nuestra mortalidad.»

Entonces descubrimos que el más débil – que puede ser también una persona de edad avanzada, enferma, sin trabajo, accidentada, cualquiera que se sienta solo y abandonado – es aquel que puede curar el endurecimiento de nuestros corazones, si aceptamos entrar en relación con él. Nos permite encontrar nuestra propia unidad interior. Nos permite acoger o que es débil y vulnerable en nosotros mismos. S en este momento que nos volvemos verdaderamente libres, libres de ser quienes somos: ricos en nuestros dones, en nuestras debilidades y en nuestra mortalidad. Libres de no dejarnos controlar por nuestros temores y nuestros prejuicios, ni nuestra compulsión de poder. Libres para no dejarnos encerrar detrás de los muros asegurados de nuestra cultura que favorece a los fuertes. Libres de amar a cada persona como ella es.

Françoise

En 1979, en uno de nuestros hogares del Arca e Trosly, acogimos a Françoise. Tenia 46 años y sufria de fuerte discapacidades mentales. Tenía poca autonomía: no hablaba no podía comer sola y caminaba con mucha dificultad.

Elle se volvió ciega y raramente dejaba su cama, manifestaba su alegría o sus dificultades y sus angustias por pequeños gritos. Los que vivían con ella en el Hogar, la querían mucho y la llamaban «nuestra pequeña mami». Buscaban comprender sus gritos. Françoise era la alegría del Hogar. Dentro de su gran pobreza, ella humanizo a aquellos que estaban a su alrededor y que estaban atentos a todas sus necesidades. La relación con ella los ha transformado.