Jean Vanier y el Papa Francisco

Pascua 2014

En un mundo donde hay tanto sufrimiento,
me gustaría vivir cada día,
sí, cada día,
agradeciendo, agradeciendo a Dios
por la belleza de la vida.

Me gusta observar las flores que salen de la tierra,
las campanillas de febrero,
las primaveras,
las violetas,
las margaritas,
son tan bellas y tan humildes.

No son grandes flores como las rosas,
son tan pequeñas, tan frescas,
coloridas y casi a nivel del suelo;
son una sonrisa de la tierra.
No sé quién las haya plantado,
me parece que llegan a la tierra
transportadas por el viento,
el soplo de vida.

Me gusta observar a las aves,
los gorriones,
los carboneros
y a veces los grandes pichones
y las pequeñas palomas.
Viajan tan libremente de árbol en árbol,
de rama en rama,
¡Qué belleza!

La luna, algunas noches la vemos tan clara,
ella nos mira con tanta dulzura
y ternura.
Con compasión, también,
al observar el odio
y las guerras en nuestro mundo.
Sin embargo, la realidad es tan bella.

Etty Hillesum dice que «el gran obstáculo es, siempre, la representación y no la realidad. La realidad la asumimos con todo el sufrimiento, la llevamos a cuestas. No obstante, la representación del sufrimiento hay que quebrantarla, porque dicha representación no es el sufrimiento en sí, ya que éste es fecundo y puede hacer la vida preciosa. Al romper esas representaciones se libera en uno la vida real, con todas sus bondades y nos volvemos capaces de soportar el sufrimiento en la vida propia y de la humanidad entera.»

En febrero, aquí en Trosly, me reuní con el Consejo de Administración y con el Consejo Ejecutivo de Fe y Luz. Fue muy bueno estar con ellos, escucharlos y, a través de cada uno de los Consejos, estar con cada una de las pequeñas comunidades de Fe y Luz alrededor del mundo y, sobre todo, con las comunidades solas y en dificultad.

Estoy feliz de estar en Trosly para escuchar a cada persona que viene a reunirse conmigo; ya que cada uno es presencia de Dios, un regalo que quiero recibir y agradecer. Me gusta comer en mi hogar, Val Fleuri, estar aquí con cada uno es una gran felicidad para mi pues cada uno es hermoso.

Al Papa Francisco, lo vi ¡sí lo vi! Pude estar con él un buen rato en su oficina. Transmite tanta belleza, es callado, es apacible y alegre. Nos vimos a los ojos y nos tomamos de las manos. No sé de qué hablamos. No importa, nos encontramos. Es tan humilde que parece que la presencia de Dios pasa a través de él. Eso es lo importante, encontrar, permanecer en la presencia y agradecer la presencia de Dios.

De vez en cuando salgo de mi Páramo Trosly. Hablé ante todos los obispos de Francia reunidos en Lourdes. Para empezar quise decirles «gracias», ya que cada uno de esos hombres lleva tanto sobre sí y con mucho valor y fe. Son signo de la presencia de Jesús. Compartí con ellos lo que descubrí año con año durante los 50 años que tiene El Arca y, también, en Fe y Luz; cómo me vi transformado poco a poco al compartir la vida con las personas débiles.

Detrás de mi vida, detrás de todo lo que hice y de lo que no he hecho, de todo lo que está escondido y todo lo visible en la creación, detrás de todo eso, las aves, las flores, la luna y la tierra está ese Dios tan humilde, tan bello, tan escondido que algunos piensan que no existe. No alcanzan a sentir Su presencia en la vida, en la evolución de la humanidad, en los débiles y en la debilidad. Al detenerse, en el silencio, podemos detectar Su presencia, pues Dios habla en el silencio. Su palabra es tan bella, tan llena de luz, que se necesita estar en el silencio para escucharla.

Estamos en tiempo de Pascua, un pasaje, un momento de transformación; del sufrimiento y la pérdida surge una nueva vida, una resurrección, un renacimiento, nuestra esperanza. Agradezco a Jesús que me enseña a amar a cada persona, sea cual sea su religión, su fe, su visión de la vida.

En mi pequeño páramo aquí en Trosly llevo en mi corazón a todas las comunidades de El Arca y de Fe y Luz en el mundo. Me siento en comunión con cada uno, pues son los 50 años de El Arca. Este gran barco que navega por las aguas, bien guiado por el Espíritu, por y a través de Patrick y Eileen y todas las personas que hacen existir este gran barco, que aspiran alcanzar el horizonte de paz en el que todos los seres humanos, fuertes y débiles, unidos de las manos, celebren la vida.

Aveces me siento cansado, mis piernas, mi cabeza, no encuentro las palabras. Pero soy feliz aquí y permanezco en el silencio, donde estamos en comunión unos con otros. Me siento tan pobre ante la guerra en Siria y la muerte del Padre Franz, quien inspiró El Arca en Damas y fue recientemente asesinado en Homs. Hay una peligrosa crisis en Ucrania, los muros alrededor de Israel, los muros alrededor de Palestina, los muros alrededor de los corazones.

Y Dios tiene sed de unidad, sed de reunir a todos los hijos dispersos de Dios, de hacer caer los muros que separan a los seres humanos para hacer renacer la vida. Dios se entristece ante las divisiones; Dios quiere que celebremos la unidad y que trabajemos por la unidad de manera pobre y humilde. Ese Dios está tan escondido detrás de todos los ruidos y el estrés de nuestra sociedad. Está ahí, espera, espera un encuentro, me espera, espera a cada uno de nosotros. Oremos juntos por nuestro mundo que grita su dolor.

Feliz Pascua,

Jean

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