Fe y Luz

Fe y Luz es una red internacional de ayuda mutua y de apoyo comunitario alrededor de las personas con discapacidad mental.  El movimiento agrupa a miles de personas discapacitadas a través de encuentros comunitarios y familiares.

Coordinateur international : Ghislain du Chéné Association internationale Foi et Lumière 3, rue du Laos - 75015 PARIS – France Tel. + 33.1.53.69.44.30 Fax + 33.1.53.69.44.38
Site internet:www.feyluz.org



“comunidad de encuentro”

Cada “comunidad de encuentro” se teje alrededor de personas, niños o adultos que tienen una deficiencia mental más o menos importante; estas personas, acompañadas de sus familias y de sus amigos, son invitadas a participar en reuniones mensuales durante las cuales comparten tiempo de amistad, de oración y de fiesta.

La persona fragilizada por su discapacidad ayuda a los que están a su alrededor a descubrir que existe otro universo diferente al de la competencia, del dinero y de los placeres materiales.  Dentro de su debilidad, esta persona hace un llamado a la ternura, a la fidelidad, a la escucha y a la fe, se transforma en fuente de comunión y de unidad en medio de su comunidad e inspira incluso a que los seres humanos se reúnen más allá de sus diferencias o de sus pertenencias culturales o religiosas.

Además de los encuentros mensuales, las comunidades organizan diversas actividades según las necesidades de sus miembros, tales como campamentos de vacaciones, retiros o peregrinaciones.

La asociación internacional Fe y Luz agrupa hoy
a más de 1500 comunidades repartidas en 82 países.

Cuarenta y cuatro años después de haber sido fundado, el movimiento creado bajo la iniciativa de Jean Vanier y de María Helena Mathieu, ha visto cómo las comunidades se han multiplicado en el mundo entero y ha permitido reunir y acompañar a miles de niños y de adultos discapacitados.  Fe y Luz está presente en numerosos países en los cuales las personas marginalizadas por su deficiencia intelectual viven en condiciones muy precarias y sufren a menudo de exclusión.

En muchos de los casos, las causas de la deficiencia mental permanecen desconocidas e incluso misteriosas.  Los padres constatan que sus hijos se desarrollan más lentamente que los demás; se retrasa o posiblemente hasta se inhibe en ellos la adquisición del lenguaje y de la marcha, ya que si un niño percibe que no es aceptado o se siente rechazado, tiende a aislarse o a encerrarse en su mundo dentro del cual es muy difícil aproximarlo y puede incluso mostrar conductas agresivas o violentas.

La persona discapacitada mental, limitada en sus capacidades intelectuales y eventualmente psicomotoras, no lo está sin embargo en sus capacidades emocionales; por el contrario, suele estar más dotada que los otros en este aspecto.  Incluso pueden descubrirse en ella una mayor capacidad de maravillarse, de simplicidad y de verdad, así como una capacidad más grande para acoger a los otros.  En medio de su fragilidad, es también capaz de despertar  a su alrededor valores de escucha y de generosidad, muy a menudo inhibidas en las personas consideradas “normales” y como resultado de la búsqueda del éxito y del poder.

La asistencia a las familias

Para un papá y una mamá, el descubrimiento de la discapacidad de su hijo conlleva siempre  atravesar largas etapas de mucho sufrimiento.  Toda la vida pierde su equilibrio.  Nada será como antes, nunca más.  Muy a menudo los padres se encuentran solos y desamparados, sin la ayuda que necesitan para recuperar sus fuerzas y hallar algo de reposo.  La mirada de los demás, las actitudes de rechazo, de desprecio, de indiferencia, el miedo y la incomprensión de todos aquellos que los rodean se añaden a su tristeza.

Una vez que el choque inicial ha pasado, la primera victoria será la de comenzar a ver a su hijo con ternura y amor, sin ver en éste únicamente o en primer lugar la discapacidad, la falta o la herida.  Acogerlo y amarlo tal y como es en ese momento, es construir con él un verdadero camino de aceptación, fuente de riqueza invaluable para el niño y para las personas que lo rodean.

El reconocimiento de las personas marginalizadas por una discapacidad intelectual.

En la sociedad, la persona que tiene una discapacidad mental es todavía frecuentemente rechazada y despreciada.  A pesar de los grandes progresos que se han hecho en el plano de las nuevas tecnologías, de las ayudas financieras, de la integración en el mundo escolar y laboral, se constata que hay todavía una gran ambivalencia en lo que respecta a la forma en como se acogen emocionalmente  las personas deficientes intelectuales.  En muchos países es legal separar al niño discapacitado de su madre, incluso acabando de nacer.  En otros, en donde la eutanasia ha sido aceptada, los padres que tienen un hijo deficiente mental temen, por ejemplo, dejarlo solo en el hospital.

Muchos padres, profesionistas y asociaciones, entre las cuales se encuentra Fe y Luz, realizan su obra con mucho entusiasmo y dedicación para que cada ser humano sea plenamente reconocido y respetado como ser humano único y portador de una vocación propia.

 



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