Una teología encarnada

Jean Vanier no es un teólogo convencional.

John Swinton

John Swinton es decano del departamento de Divinidad y Estudios Religiosos y profesor de teología aplicada y de Pastoral de la salud en la universidad escocesa de Aberdeen. También es profesor emérito de Ciencias de la enfermería del Centro de estudios avanzados en enfermería de la universidad de Aberdeen en donde enseña humanidades en el contexto de ciencias de la salud, de la ética de los cuidados de enfermería y de la investigación cualitativa.



Jean Vanier no es un teólogo convencional.  Al recorrer los distintos pasajes de su vida y de su obra, nos damos cuenta que ya sean sus sabias alusiones o su manera de divulgar los conocimientos provenientes de la filosofía académica o su forma de participar en una discusión sobre los debates actuales en epistemología  u ontología de Dios o, incluso sobre los padres de la Iglesia, nos hacen verlo como un teólogo diferente, aquel cuya dulce presencia  ha sabido expresarse con historias y aforismos, pequeñas chispas de sabiduría sobre la belleza de la vida con discapacidad mental, el sentido de las relaciones humanas en comunidad y el amor de un Dios que valora la vulnerabilidad y la debilidad.  La teología no se expresa únicamente con palabras sino con la forma en que éstas, particularmente las que fueron dichas por Jesús y se encarnan en las comunidades en las  que los fuertes y los débiles viven juntos, no en una relación vertical entre el que cuida y el que recibe los cuidados sino como dos amigos ligados por un espíritu de amistad ofrecida como regalo divino a todos aquellos que lo quieren aceptar.

El deseo de pertenencia

En el corazón mismo de la teología de Jean Vanier se encuentra el deseo de pertenencia.  Los seres humanos están hechos para vivir relaciones profundas; están hechos para vivir en comunidad.  Jean Vanier lo expresa de la siguiente manera: “entre más caminemos por la vía de la salvación y de la plenitud interiores, mayor será nuestro sentimiento de pertenencia.  No solamente el sentimiento de pertenecer a los otros o a una comunidad sino el sentimiento de pertenecer al universo, a la tierra, al aire, al agua y a todo lo que está con vida, a la humanidad entera”.

“Los seres humanos estamos hechos para vivir relaciones profundas” -dice Jean Vanier.  Cuando una persona siente que pertenece a un lugar, esto significa que su ausencia será percibida como un vacío cuando ella no esté allí.  La teología de la comunidad y del sentido de pertenencia de Jean Vanier, exigen que aquellos a los que hemos escogido designar como “deficientes  mentales” encuentren un lugar de pertenencia en el seno de la comunidad de amigos de Jesús.  Si estos no le hacen falta a la comunidad quiere decir que no pertenecían a ella y si estos no le pertenecen, la comunidad no existe.

La fuerza en la debilidad

Jean Vanier está convencido de que la gran conversión de los Evangelios toma forma en la vida de las personas que tienen una deficiencia intelectual.  Vemos claramente a los débiles convertirse en fuertes y lo que este mundo considera como falto de consciencia se nos revela como la gloria de Dios.   En Jesucristo, Jean Vanier ve un paradigma de la fuerza en la debilidad: “Jesús es aquel que tiene hambre y sed, Él es el prisionero, el extranjero, el que está desnudo, enfermo o moribundo.  Jesús es también el oprimido, el pobre.  Vivir con Jesús es vivir con los pobres y viceversa: vivir con los pobres es vivir con Jesús”.  En la debilidad y la vulnerabilidad de aquellos que viven con una deficiencia intelectual pesada,  Jean Vanier descubre a Jesús.  Si sus vidas son verdadera y plenamente humanas, entonces “ser humano” no puede seguir siendo concebido en términos de poder, de fuerza o de grandes capacidades intelectuales.  Estar con los deficientes mentales es comprender lo que significa ser humano.  “El crecimiento comienza cuando empezamos a aceptar nuestra propia debilidad”.

La vía del corazón

La vía  del corazón es una forma de poner a las personas en primer plano, de ir mas allá de la etiqueta “deficiente mental” y remplazarla por una visión del ser humano en sí mismo.  La  “vía del corazón” es una manera de encontrarse con las personas, una manera de convivir con los deficientes intelectuales y aprender de ellos.  Jean Vanier escribe: “el poder y la inteligencia suscitan la admiración, sí, pero también una cierta tendencia a la separación, una sensación de distancia recordándonos lo que no somos y lo que no podemos hacer.  Por el contrario, compartir nuestras debilidades y necesidades es un llamado a la unidad.  Acogemos en nuestro corazón a aquellos a quienes amamos y así, comulgando con ellos, descubrimos la parte más profunda de nuestro ser: nuestra propia necesidad de ser amados y de tener a alguien que confíe en nosotros y nos aprecie sin que esto esté centrado en nuestra capacidad o incapacidad para trabajar, para ser hábil o interesante.

“Compartir nuestras debilidades y nuestras necesidades es un llamado a la unidad”. 
Cuando descubrimos que somos amados de esta manera, se nos caen las máscaras y desaparecen las barreras detrás de las cuales nos escondíamos o intentábamos disimular  nuestras faltas; se abre delante de nosotros una vida nueva:  ya no tenemos qué vivir probando nuestra valía y nos convertimos en seres humanos auténticamente libres de ser nosotros mismos.  Descubrimos un sentimiento de completud y una unidad interior nuevos”.  La vía del corazón es entonces la encarnación del amor de Dios.

"Dios se toma su tiempo con el insignificante"

La teología encarnada de Jean Vanier reclama que concibamos al tiempo de manera diferente.  En la sociedad actual estamos siempre tentados a considerarlo como una mercancía en medio de tantas otras: gastamos nuestro tiempo o lo malgastamos; perdemos o ahorramos tiempo.  Jean Vanier nos invita a ver el tiempo con ojos diferentes,  a ser amigos del tiempo.  En sus propias palabras “un amigo del tiempo no se pasa el día diciendo “no tengo tiempo”; no lucha con el tiempo sino que lo acepta y lo valora”.  Jean Vanier nos recuerda que en el tiempo de Dios es a aquellas personas a las que el mundo no acepta darles su tiempo a quienes ese mismo Dios dará su atención.  En palabras de Stanley Hauerwas “Dios se toma su tiempo con el insignificante” y aquellos que siguen a Jesús, el Dios encarnado, deben hacer lo mismo.  No hay vidas que valgan más o menos que otras en el Reino de Dios.  Tomarse el tiempo de llevar a cabo aquello que el mundo estima inútil es la esencia misma de la vía del corazón y de la espiritualidad de El Arca.

Una espiritualidad de la amistad

La suma de todo lo que se ha dicho vendría a ser lo que en El Arca llamamos una espiritualidad de la amistad.  Por “espiritualidad” entendemos simplemente la realización de nuestras creencias dentro de la vida cotidiana.  La espiritualidad de la amistad de Jean Vanier se halla en la búsqueda de una comunidad capaz de suscitar en cada uno el sentimiento de pertenencia.  Dentro de esta espiritualidad, aquellos a los que la sociedad considera como débiles son percibidos como los fuertes, aquellos que son considerados como los más vulnerables son respetados y protegidos.

“Aquellos que socialmente son considerados como débiles  son percibidos como los más fuertes”. 
Sus voces son escuchadas con atención, sus corazones son abrazados y amados en amistades estrechamente inspiradas por el Espíritu de Jesús.  La espiritualidad de la amistad de Vanier nos recuerda que los amigos pasan tiempo los unos con los otros; no solamente su presencia es física sino que están reunidos en una relación de corazón a corazón en la cual la deficiencia no cobra ninguna importancia.  Aprender a vivir de esta manera es el testimonio y el don que Jean Vanier ha dado a la teología, a la Iglesia y a la sociedad entera.



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