Ser plenamente humano

La contribución importante de Jean Vanier a la reflexión sobre el sentido de ser humano es la resultante de una fe profunda y no dogmática  así como de su formación en filosofía, las cuales hallaron su inspiración primigenia en las amistades profundas que éste ha sabido cultivar con diversas personas tocadas por la deficiencia intelectual.

Pamela Cushing

Pamela Cushing es una antropóloga cultural, profesora de Estudios sobre la discapacidad y derecho social en el Colegio Kingston de la universidad Western en Canadá. En el año 2000 vivió en El Arca realizando investigación para su tesis de doctorado en etnografía. A Pamela le gusta trabajar en diferentes proyectos de investigación y de escritura en conjunto con El Arca. Sus temas de investigación son: la antropología filosófica de El Arca (junto con John Sumara), la Federación Intercordia, así como la formación y el reclutamiento al interior de El Arca Canadá, etc.



Defensor radical de las personas marginalizadas

Desde hace más de cinco décadas, Jean Vanier, defensor radical de las personas marginalizadas, nos ha estado invitando a reconocer la profundidad de los dones y de las enseñanzas que los deficientes mentales tienen para ofrecernos si sabemos integrarlos correctamente y si son sostenidos con toda dignidad.  “Es necesario que nos quedemos cerca de ellos y que nos tomemos el tiempo de escucharlos ya que el miedo los hace hablar muy poco y muchas veces en voz muy baja”.

La obra de Jean Vanier nos permite ampliar nuestra perspectiva  sobre tres interrogantes fundamentales a propósito del bien común y del porqué de nuestra existencia:
¿Qué significa ser plenamente humanos?
¿Qué significa estar al servicio de los otros?
¿Cómo alentar la unidad en medio de la diversidad?

Las respuestas a estas preguntas son a la vez prácticas y teóricas, experiencias vividas y documentadas.

La práctica que está en el corazón de su visión es sumamente simple: consiste en crear un ambiente de sostén, culturalmente adaptado, que permita a dos individuos unirse más allá de las diferencias y que conduzca a una conversión tanto del corazón como del intelecto.  Jean Vanier demuestra así que el humanismo no es solamente un idealismo sino que puede ser también una experiencia vivida.

¿Qué significa ser plenamente humano?
   Libertad, dignidad y apertura hacia todos los seres humanos.

En su exploración de lo que significa ser plenamente humano, Jean Vanier nos invita a observar la tensión entre nuestra necesidad de ser los mejores ejerciendo todo tipo de control y entre nuestro deseo de aprender a vivir en paz con nuestras imperfecciones y con las de los demás.  Allí donde la modernidad privilegia el progreso y la perfección, Jean Vanier nos invita a poner atención en aquellos aspectos inherentes a la naturaleza humana, sumamente importantes pero muy a menudo olvidados, que son la imperfección y la fragilidad.

Jean Vanier está convencido de que si sacamos a la luz el carácter universal y central de la fragilidad que compartimos todos y todas sin excepción, podremos ir más allá de nuestras diferencias y encontrarnos en una misma humanidad.  “Los débiles enseñan a los fuertes a aceptar e integrar su debilidad e incluso sus fracturas emocionales a su propia vida”.  El “carácter narrativo” presente en toda su obra revela que la mayoría de las personas no llegamos a desarrollar plenamente nuestro potencial más que cuando somos recibidas tal y como somos, con nuestros dones, sí, pero también con nuestras flaquezas.  Aunque estemos conscientes de que esta fragilidad es un componente esencial de nuestra condición humana, Jean Vanier insiste, sin embargo, sobre la responsabilidad que tenemos de crecer en la libertad y de estar al servicio de los demás bajo la óptica de una mayor fragilidad.

La intuición central que está en el corazón de El Arca tiene sus raíces en las relaciones de mutualidad en donde la persona mas frágil es la que permite a los dos participantes de dicha relación, de descubrir su humanidad común.  Así, Jean Vanier designa a la debilidad como un don y una oportunidad.  La debilidad se transforma en una fuerza de atracción que nos reúne y que crea, por ejemplo, la solidaridad alrededor de una persona herida y que necesita ayuda.  La vulnerabilidad puede empujar a las personas a dar más de ellas mismas, a abrirse  y  a revelar sus propias imperfecciones.  En contraste, la fuerza o la excelencia, muy a menudo impresionantes, tienden a dividir ya que incitan a la competencia y al temor de no estar a la altura.  “Siempre me ha sorprendido ver cómo el compartir nuestras debilidades y nuestras dificultades nos proporciona mucha más alegría que el compartir nuestras cualidades y nuestros éxitos”, nos dice Jean Vanier. 

¿Qué significa estar al servicio de los demás?
   Una vida que tiene sentido es aquella en la que se ejerce la compasión y el servicio.

Vivir en comunidad con las personas marginalizadas ha sido un elemento clave por medio del cual Jean Vanier ha querido mostrarnos cómo el estar adecuadamente al servicio de los otros, exige ir mas allá de la caridad y de la simple tolerancia.  La arrogancia se trasluce siempre en todos aquellos casos en donde la pretensión desmesurada del que brinda la ayuda lo hace percibirse a sí mismo como superior y distinto de aquel al que sirve.  Él sabe por experiencia propia que la ayuda que está animada por un sentimiento común de solidaridad y de humanidad  tiene mejor gusto que aquella que nace del deber ser.  Sin embargo, ya que es imposible legislar acerca de la compasión y  de la preocupación por el otro, Jean Vanier nos invita más bien a tener una mejor comprensión de la noción de la “asistencia gratuita a los demás” mostrándonos a través de  las comunidades de El Arca, que es posible crear condiciones que favorezcan el desarrollo de la mutualidad a través del servicio.  “Cada creatura, cada ser humano por más frágil y vulnerable que sea, tiene la necesidad innata de experimentar que puede ser fuente de alegría, que su existencia tiene derecho a ser celebrada”. Jean Vanier nos sugiere que es solamente a través de estas manifestaciones de aceptación total que “la imagen negativa que tenemos de nosotros mismo tendrá la ocasión de transformarse”.  Está convencido de que estar presentes en actitud de solidaridad plena y de celebración real delante de las personas marginalizadas es tan vital e importante como lo son los servicios prácticos y concretos.  Es de esta forma como él alienta la fidelidad a esa presencia: a través de la expresión cotidiana de pequeños gestos de amor, de aceptación, de perdón.

Jean Vanier nos recuerda que las relaciones de cuidado que no cultivan la mutualidad correrán el riesgo de permanecer superficiales e inadecuadas y comportarán a menudo dificultades o tensiones.  Los cuidados rutinarios no deben hacernos olvidar que el fin primero del servicio es “el apoyo atento que permite al otro hacerse libre”.  Bien entendido esto no significa que las necesidades o las discapacidades vayan a desaparecer sino más bien que una persona no deberá sentirse prisionera de sus necesidades o eternamente en deuda hacia los otros.  Jean Vanier nos hace ver el peso insoportable que  cargan sobre sus hombres las personas que ya de por sí están discapacitadas, si a eso le añadimos además la carga social que los define a partir de su deficiencia, de su inutilidad y de que únicamente son capaces de recibir sin tener nada que aportar.

¿Cómo alentar la unidad en medio de la diversidad?
   La plenitud de sí mismo se alcanza en aquellas relaciones que se crean más allá de las diferencias que nos separan.

A través de su conocimiento a la vez profundo y sumamente realista del corazón humano, Jean Vanier reconoce, desde hace mucho tiempo, que es imposible forzar a las personas a amar, a apreciar o a incluir  “al diferente” cuando se juzga que este último no vale la pena justamente a causa de esas diferencias.  Aunque esta tendencia a juzgar,  a temer o aun a excluir a aquellos y aquellas cuya diferencia es desvalorizada pueda considerarse natural, Jean Vanier nos invita a abordar nuestros miedos a la diferencia en sentido inverso, es decir, considerando la posibilidad de enriquecer nuestra imaginación y aprendiendo a vivir con la disonancia y las enseñanzas que emanan de la diversidad.  Jean Vanier no acepta que nos resignemos a los miedos primitivos e instintivos que nos habitan  y quiere más bien cultivar las apasionantes posibilidades que se nos presentan a través de la diferencia, con la finalidad de alentar el deseo de apertura no por imposición, sino por opción propia.  De una manera completamente racional, Jean Vanier está convencido de que el amor puede hacer del poder una fuerza que engendre la vida, en vez de una fuerza destructiva.   “Dios no nos llama a realizar hechos extraordinarios sino a hacer cosas ordinarias con un amor extraordinario”,  nos dice él.    

Jean Vanier ha demostrado que cuando las personas marginalizadas son acogidas con amor y amistad, sus dones adquieren un potencial de curación personal e interpersonal a la vez que refuerzan la unidad.  La transformación es mutua y la persona más frágil es de esta manera fortificada en su capacidad de resiliencia y en su autoestima.

El deseo de ser amado humano y de pertenecer a una comunidad es universal y está presente en todos los seres humanos.  Las comunidades de El Arca y de Fe y Luz son laboratorios de investigación activa en donde, día tras día, intentamos responder a esos anhelos profundos del corazón del humano.   Por medio de la relación a largo plazo con las personas marginalizadas, los miembros de la comunidad aceptan gradualmente reconocer, explorar y aceptar su propia fragilidad humana, reajustando de esta manera su sentido moral, su visión del mundo; es decir, deciden enfrentarse al reto de combinar sus fuerzas y sus debilidades y aprender así que la ternura y la compasión son tan importantes como el poder y el saber.  Sólo a través del reconocimiento de sus propias imperfecciones logran aprender a vivir humildemente y de frente a la vulnerabilidad de los otros.

El resultado es toda una cohorte de artesanos de paz capaces de poner en práctica el humanismo preconizado por Jean Vanier, que es expresado en esta nueva comprensión del servicio, de la imperfección y de la unidad.  “La única manera en la que podremos vivir plenamente en esta comunidad humana  es irguiéndonos con toda nuestra fragilidad y nuestro sufrimiento con el fin de abrirnos a los otros y no quedándonos encerrados en nosotros mismos”.



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